lunes 22 de julio de 2024
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La pesca superó el tsunami, pero le quedan históricos debates pendientes

Los cambios impulsados por el gobierno de Milei a la Ley de Pesca quedaron atrás, pero la industria todavía tiene debates pendientes.

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Puerto de Mar del Plata.

Luego de iniciar uno de los años más convulsionados de la historia por la decisión del gobierno nacional de modificar por completo las normas que ordenan a la industria pesquera, el sector volvió a sus cauces habituales. Y no son cauces alejados de problemas: la pesca tiene desde hace años debates pendientes que vuelven a salir a la luz.

Empresas, gremios, trabajadores y dirigentes (desde Guillermo Montenegro a Axel Kicillof) se unieron ante el embate que intentó dar el gobierno de Javier Milei. Más allá de los intereses particulares de cada uno, el plan que había esbozado el presidente en la Ley Ómnibus ponía en riesgo el futuro de la industria y los puestos de trabajo de miles de personas.

Esa alerta -por ahora- se disipó, aunque nadie se anima a garantizar que no habrá un nuevo intento de permitir el avance de flotas extranjeras sobre la pesca nacional. Sin embargo, mientras dura el incierto compás de espera, la pesca vuelve a exhibir sus problemas históricos.

Días atrás, el economista Damián Di Pace llegó a Mar del Plata para dar una charla sobre el rumbo de la economía durante el gobierno de Milei. Y a través de las redes sociales compartió la pregunta que le realizó un empresario Pyme de la pesca: «¿Usted sabe con cuántos sindicatos salgo yo a pescar dentro de 1 barco?», le consultó.

El economista dijo que desconocía y se sorprendió con la respuesta: trece. Como en muchas industrias, el debate del rol de los gremios y el aggiornamiento a los tiempos actuales no escapa a la pesca. El ejemplo del empresario al economista instala la idea de que en el Puerto ese debate se potencia por la multiplicidad de actores que forman parte de la cadena.

La historia del buque Tai An, que pescó de manera ilegal 3.500 toneladas de merluza negra, también sumó incertidumbre al sector. Las primeras referencias era que, lejos de castigar la pesca de una especie protegida, las autoridades le permitieron seguir pescando.

Finalmente, tras varias idas y venidas barco de la empresa Prodesur fue sancionado: le aplicaron una multa de 56.700 dólares y la prohibición de pescar por sólo 22 días. La merluza negra que pescó el barco estaba valuada en más de 3,5 millones de dólares y buena parte de lo que capturaron eran juveniles.

A esto hay que sumarle el tema impositivo. El capítulo fiscal de la ley Ómnibus que había presentado el gobierno elevaba las retenciones al sector pesquero al 15%, sin importar si lo que se exportaba era pescado congelado o un subproducto industrializado. Y más allá de que el debate legislativo selló la suerte del plan, el propio presidente Milei repitió en más de una oportunidad la idea de que la pesca aporta menos de lo que corresponde.

Más temprano que tarde, los impuestos que paga el sector volverán a estar en la agenda. Días atrás, Raúl Cereseto, presidente de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera y empresario del sector, aclaró en una entrevista radial que la brusca devaluación del dólar oficial no tuvo un gran impacto en la mejora del sector.

Durante los últimos meses del gobierno de Alberto Fernández, el ministro de Economía Sergio Massa había dispuesto un dólar preferencial para los exportadores que les permitía recibir 630 pesos por cada dólar. Con el 15% de retención, en la era Milei obtenían 670 por cada dólar. Pero a eso se le suma el fuerte salto en los costos operativos.

Más allá de estos argumentos los empresarios del sector también tienen cuestiones que deben revisar. Así como los sindicatos vinculados a la actividad en el mar y la descarga son muchos y poderosos, los trabajadores de tierra padecen desde hace décadas un alto grado de precariedad.

Planta de pescado

Desde hace años, el porcentaje de trabajadores de tierra debidamente registrados está muy por debajo del de cualquier otra industria. Cuando el recurso abunda ese problema pasa a un segundo plano, pero cuando escasea y los trabajadores no tienen un ingreso garantizado la crisis social se apodera de una porción importante de marplatenses.

Pese al peso específico que tiene la industria para Mar del Plata muchas veces se siente «lejana» a las preocupaciones de la ciudadanía. De hecho, el propio Cereseto en la misma entrevista sostuvo que este puede ser el año de menor consumo de pescado desde 1976. Para cualquier industria esto podría significar el fin. Para la pesca, no.

«La verdad es que las crisis internas a nuestra actividad no le afectan demasiado. El 95% de lo que se pesca se exporta. El consumo interno representa una parte ínfima de los ingresos», reconoció con suma crudeza un importante dirigente gremial. En un país con el frente marítimo como el que tiene Argentina y la variedad de recursos que el pescado sea un alimento extraordinario en la dieta es una enorme deuda pendiente.

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