viernes 21 de junio de 2024
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BARRIO SAN JOSÉ

Podadores estafadores: ofrecieron su servicio por $30 mil, hicieron la mitad del trabajo y quisieron cobrar $210 mil

Un grupo de estafadores ofreció podar un árbol y, luego de realizar las tareas, quiso cobrar siete veces más por su trabajo a medio hacer. Ya son tres los hechos de este tipo en el barrio San José.

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Es reconocida la modalidad de estafa de afiladores: personas que, con una bicicleta, recorren los barrios ofreciendo afilar cuchillos y tijeras por X valor pero, después de llevar a cabo la tarea, exigen cobrar otro mucho más elevado, aludiendo a una «confusión».

Al parecer, el mecanismo se trasladó a otros rubros y ahora son los podadores quienes engañan a los vecinos y vecinas de la ciudad.

En este caso fue un vecino del barrio San José quien denunció ante Mi8 que fue víctima de un grupo de hombres que le ofreció podar el árbol de su vereda por la módica suma de $30.000. Después de hacer el trabajo los estafadores aseguraron que se trató de una confusión y quisieron cobrarle siete veces más de lo acordado.

A partir de este hecho, surgieron dos más en el mismo barrio: un jardín de infantes y otra vivienda familiar fueron víctimas de los mismos estafadores. Las denuncias fueron radicadas en la Comisaría 2ª, a la espera de acciones que logren determinar de quiénes se trata.

La modalidad de la estafa

Al llegar al domicilio días después de lo acordado, el hombre salió a recibir a los «trabajadores» y se los encontró ya «trepados» al árbol retirando las ramas, por lo que no interrumpió su tarea.

Al finalizar, la vecina, con quien comparten el árbol en sus frentes, notó que además de ramas habían cortado cables y se habían retirado sin retirar el desastre. «Me dijeron que fueron a buscar unas sogas y volvían», relató Hernán a Mi8. «Cuando volvieron les pedí que terminen el trabajo y fui a pagarles. Les di los $30 mil, se rieron y me dijeron que ese no era el monto acordado«, explicó el vecino.

Frente a la supuesta confusión, el «jefe» del grupo de podadores increpó al cliente que, anonadado, escuchó cómo le decían que el valor real era de «$20 mil por rama, más $10 mil de otras más chicas«, lo que acumulaba un total de $210 mil.

El insólito precio desató una discusión. De un lado, Hernán aseguraba no contar con el dinero para pagarles y, por el otro, un grupo de cuatro hombres le exigía, en la puerta de su casa, que reúna «por lo menos $120 mil» para la misma tarde.

Al retirarse, no sin antes exigir un número de teléfono para garantizarse el cobro, dejaron el trabajo a medio hacer.

Dos días después comenzó la intimidación: llamadas incesantes, exigencias y reclamos aturdieron a la víctima que terminó acordando la entrega de $50 mil arriba de los $30 mil que ya había abonado.

Al momento del pago, quien pasó a cobrar no era el responsable del grupo, sino su hijo. Esto desató dudas en el vecino que, de todas formas y para «sacarse de encima» la situación, pagó.

El calvario no terminó ahí: las presiones siguieron, Hernán volvió a ser acosado telefónicamente para entregar más dinero aludiendo que se lo había dado a cualquier persona. Fue en ese momento que decidió ceder, entregar otros $40 mil y desear que las exigencias terminen.

Ese último cruce conllevó la llegada de otros cuatro hombres que causaron temor en el barrio, retiraron el efectivo, y, finalmente, no volvieron a aparecer.

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