martes 28 de mayo de 2024
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HISTORIA DE VIDA

«The Rolling Zeta»: la peluquería móvil que recorre Mar del Plata

Hernán, un peluquero marplatense de 50 años, cumplió su sueño de cortar el pelo a bordo de una furgoneta. Conocé su historia.

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Hernán junto a "The Rolling Zeta".

El Bosque Peralta Ramos es uno de los barrios más lindos de Mar del Plata. Vecinos y turistas recorren sus calles bajo la sombra de cientos de árboles. Una de sus calles principales es Las Margaritas. En su intersección con Los Chañares, durante buena parte de la semana se puede observar una escena única en la ciudad: allí está Hernán, más conocido como «Zeta», dentro de una furgoneta gris y roja, acondicionada como una peluquería.

Se trata de una peluquería móvil. Dentro del vehículo le corta el pelo a los hombres que pasan por allí y necesitan un «look» nuevo. O también va a las casas o lugares de trabajo de sus numerosos clientes, quienes ya lo conocen desde hace muchos años.

Entusiasmado con su emprendimiento, al que califica como un «sueño loco», «Zeta» habló con Mi8. Es marplatense, tiene 50 años y es fanático de los Rolling Stones.

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No fue una entrevista convencional: las preguntas y respuestas fluyeron mientras Hernán le cortaba el pelo a quien escribe estas líneas, estacionados en la costa de la ciudad.

– ¿Cuándo empezaste a trabajar con la peluquería móvil?

– Casi en la pandemia, porque tenía mi propia peluquería y mientras estaba armando esta. Como venían las cosas tan mal, me venía como preparando como para hacer este sueño, que era un sueño medio loco, y poderlo cumplir. Así que estaba con la «pelu», que estaba complicadísima con la pandemia y armando esta camioneta. Vendí otra camioneta para hacer esto y de a poquito la fuimos armando.

– O sea, vos tuviste ya de por sí tu propia peluquería. Llegaste a cumplir eso, que supongo que no debe ser fácil para cualquier peluquero, ¿no?

– Sí, trabajé para otras peluquerías y también tuve otras mías. El sueño este era una locura que se me había ocurrido hace muchos años. Pero empecé a pensar en concretarlo en la misma pandemia. En realidad la quería sacar antes, pero terminé armando otra peluquería.

Hice al revés, porque el sueño era armar esto, pero en su momento era como muy loco o muy hippie. Entonces decidí emprender lo otro, que era lo más común, y bueno, después me di cuenta que a veces hay que ir por los sueños y tratar de conseguirlos como sea.

El interior de la peluquería móvil.

– ¿Cómo fue el proceso del armado de toda esta camioneta? ¿Cómo conseguiste el vehículo y cómo la acondicionaste?

– Fue una aventura, porque la verdad que primero pensé que como todo sueño o locura que se le ocurre a uno, que no lo iba a poder concretar. Después lo empecé a pensar con lo poco que tenía como para empezar a proyectarlo. Empecé a buscar camionetas de todo tipo: usadas, viejas, había visto hasta camioncitos, porque tenía que tener una serie de medidas y altura.

Hasta que conseguí esta en un pueblo, que la tenían en un galpón. Lo que pasa es que estaba detonada, así que ahí empecé a ver cómo se podía armar. Primero la idea era pagar para que me lo hagan, pero después cuando empezaba a averiguar los precios era imposible pagarlo. Así que empezamos a ver cómo lo podía ir haciendo yo y después me dio una mano un amigo, Ariel, que entiende algo de electricidad. De a poco, la terminé de armar toda y él me ayudó con la parte eléctrica.

– ¿Cómo es tu itinerario de trabajo? ¿Por dónde laburás?

– Yo ahora prácticamente estoy en la zona Bosque, porque en realidad la mayoría de los clientes los tengo ahí. Hace como 18 años que ando por la zona, así que me pueden encontrar en Chañares y Las Margaritas.

– Ya tenés tu clientela propia, pero la gente, al ver la camioneta, ¿se acerca de por sí a preguntar y a ver qué onda?

– Sí, siempre tenés gente acercándose, preguntando, sacando fotos. A la gente le copa esta idea. Por curiosidad, a veces no todos se cortan, si no van a ver. Por ahí es novedoso, creo que debe haber algunas otras en algunas partes del país, me imagino que acá es la única, creo.

– ¿Cuánto tardaste en armar todo esto? ¿Poco? ¿O la tuviste un rato ahí, esperando?

– Estuve varios meses, menos de un año. Pero ya tenía más o menos una idea, y cuando uno empieza a meter mano… Igual me quedan un montón de cosas para hacerle, que casi todas esas cosas no se hicieron por un tema económico. Son cosas caras. Por ejemplo, paneles solares.

– ¿Cómo tenés electricidad acá? ¿Te enchufas a la batería de la camioneta?

– Esto tiene un conversor y varias baterías, entonces con eso me voy manejando. Pero lo ideal para mí sería tener unos paneles solares como los motorhome. Hoy para un laburante es muy caro, pero a la larga se puede. Igual tengo todo lo necesario. Así como está, podría andar por todas partes del país, calculo.

La mesada sobre la que trabaja Hernán.

– Obviamente los costos respecto a una peluquería común y corriente son distintos, porque no estás en un local. ¿Eso incide en el precio? ¿Cobras más barato que una peluquería convencional?

– No, cobro prácticamente lo mismo, o un poquito menos. Porque en realidad antes los costos eran menos, pero hoy mantener un vehículo de estas características realmente cuesta. Tuve tres roturas en el año y me gasté $600.000 para solucionarlo. Está bien que no es un vehículo nuevo, es modelo ’98.

Hoy no está para nada fácil mantener un vehículo. Un auto común ya te cuesta mantenerlo y esto andando todos los días se rompe. Las piezas están carísimas.

– Claro. ¿Entonces vos no vivís en el bosque?

– No, yo vivo en la otra punta.

– ¿Y cómo hacés?

– Antes me movía con la camioneta para todos lados. Ahora la uso, la dejo en el bosque y a veces salgo a hacer algún cortes a domicilio, pero en la zona. Después me muevo en otro vehículo. Y a veces tambié hago a domicilio, pero voy en otro auto porque imaginate que si tengo que ir con la camioneta le tengo que cobrar mucho más.

– ¿Vas a las casas también?

– Sí, a la mayoría les corto acá porque la gente se fue adaptando y los clientes que tengo, la mayoría son de muchos años. Muchachos de mi edad, entonces no tienen problema y vienen al bosque, adonde estoy parando siempre.

Hernán ya tenía su furgoneta cuando trabajaba en su peluquería propia.

– Ahora hay una moda de que los chicos más jóvenes piden corte en degradé y todos esos estilos nuevos. ¿Vos cómo te fuiste adaptando a eso?

– Algo hacemos, pero soy un peluquero más clásico. Me defino más así, no tanto como las barberías y todo ese estilo de la moda que ahora vino de los chicos. Mi público son todos muchachos un poco más grandes. Hacemos cortes modernos, pero más tradicional.

Tampoco tengo el espacio y se pierde también mucho tiempo en esos trabajos. Entonces esto es más clásico, un poquito más rápido.

– En una jornada de trabajo, ¿cuántos cortes podés llegar a hacer y en cuánto tiempo hacés cada uno?

– Y… podés hacer ocho o diez cortes, tal vez cinco y otro día 12.

– ¿Cuánto demora?

– Depende de los cortes, pero hacete una idea de 20 minutos más o menos. Porque a veces me buscan más para cortarle y charlar, hay muchos que son más amigos que clientes. Después de tantos años, uno se queda charlando y la verdad es que es muy agradable también.

– ¿Cómo hace un peluquero para forjar una buena clientela?

– Te lo dan los años. Esto es un gotero, a medida que van pasando los años vos te vas haciendo una clientela con una buena atención. Porque no es solamente cortar, también es el trato a la gente, la buena onda, estar disponible.

En lo posible se trata de no hablar de política, ni fútbol, salvo con los que tenés más confianza. Pero imaginate que a veces pasa mucha gente y bueno, todos somos diferentes y pensamos diferente. Así que yo creo que lo mejor es eso, hablar cosas neutras.

– ¿Hay gente que vos la conociste en las otras peluquerías en las que estuviste o la tuya propia, y aún así te siguen eligiendo con esto de cortar en la camioneta?

– Sí, se van sumando de a poquito por esta idea loca que tiene la camioneta. Lo bueno de esto es que me ha pasado de cruzarme a clientes que no los veía hace rato y cortarles en cualquier lado.

Un día llegué a una estación de servicio e iba a cargar combustible. Me cruzo con un cliente y me dijo: «Zeta te fuiste, cerraste la peluquería, me quiero cortar el pelo». Le pregunté si se quería cortar te querés cortar, así que estacioné la camioneta ahí y le corté ahí, en la misma estación de servicio. Justo me vio el playero y no lo podía creer. Así que le corté al playero también.

– ¿Cuál fue el lugar más raro en el que cortaste el pelo, en esta camioneta?

– La de la estación me pareció muy loco porque fue re casual. A veces iba a las casas y capaz que estaban cocinando. Estacionaba la camioneta al lado de la cocina, y mientras hacían los panqueques le iba cortando el pelo a él y a los chicos en el patio de la casa.

Muy cómodo, después en talleres mecánicos. He entrado la camioneta y mientras estaban laburando, le cortaba el pelo en el tiempo libre que tenían. Porque la idea es eso, que las personas tengan ese ratito, a esos hombres que a veces tienen poco tiempo o le escapan de ir a la peluquería. Pero con este tema de la economía han cambiado un poco las cosas porque ya no me puedo mover tanto.

  • – El bosque en verano se llena de turistas. ¿Pudiste tener más trabajo?

– Le he cortado a turistas rusos y venezolanos que les gusta el bosque. Se han acercado y les llamaba mucho la atención este sistema.

– Volviendo un poco en el tiempo, ¿cómo fueron tus inicios como peluquero? ¿Ya de chico sabías que querías ser peluquero o fue de más grande?

– No, hice el curso como algo más de las cuantas cosas que hice, pero la verdad que nunca había pensado que iba a vivir de esto. Yo fui marinero, pescador, laburé en alguna que otra empresa en ventas, pero siempre estaba esto.

– ¿Siempre te llamaba la peluquería?

– Sí, siempre. El oficio siempre estuvo.

– ¿Y hace cuántos años que sos peluquero?

– Hace 20.

– Hay muchos chicos que hacen el curso y empiezan a cortar, ¿para vos fue un poco más de grande?

– Sí, yo empecé a los veinti y algo y después paré un tiempo. Hice otras cosas, pero cortaba a domicilio. Después me puse la peluquería, después la cerré, me dediqué a otra cosa un tiempo y después volví. Me fui a trabajar para una peluquería como empleado y después me puse mi peluquería. Luego terminé trabajando para otro chico y volví a ponerme mi local. Al tiempo, empecé a armar esta camioneta.

– En el interior de la camioneta hay muchas fotos y carteles respecto a motos. ¿Es tu hobby?

– Sí, me encantan, todas. En algún momento fui variando de tipo enduro a custom, pero me quedé con las custom. En realidad, después ya vendí la custom también y hoy ando en un scooter, en un maxi-scooter. Me es muy útil por el trabajo. Me encantan las motos, las Harley. Cuando puedo voy a algún evento a ver. Es una pasión.

– Hernán, vos decías que esto es un sueño que tenías hace mucho tiempo. ¿Qué le decís a esas personas que tienen un proyecto no igual a este, pero parecido. De innovar, de hacer algo que no es muy visto, y no se animan.

– Que sigan lo que sienten. No importa lo que opine la gente, porque a veces uno se desvía del camino. Pero no, hay que darle bola a lo que siente uno, ir por los proyectos que, por más que a veces parezcan imposibles (porque a veces cuesta muchísimo), se hacen realidad.

Por ahí lleva tiempo. Los chicos de ahora veo que quieren todo ya. A mí se me dio después de 15 años en el oficio, pero sí se puede. Hay que soñar y hay que meterle para adelante con todo, es la única manera. No importa quien te diga que no se puede: que es muy loco, que esto no. No, porque cuando lo conseguís, es una satisfacción enorme y que no tiene precio.

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