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Nada salió según lo planeado: la última toma de rehenes en un banco de Mar del Plata

Nueve personas cautivas, entre ellas una mujer embarazada; un tiroteo feroz con la policía y cinco delincuentes que se terminaron entregando delante de las cámaras de televisión. Así fue el asalto al banco Scotiabank Quilmes.

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La causa por la toma de rehenes en el Scotiabank, alcanzó los seis cuerpos.

El 17 de abril de 2001, las cosas no salieron según lo planeado en el robo al Scotiabank Quilmes ubicado en Roca e Independencia. La acción que debía durar menos de 5 minutos, finalizó con nueve rehenes; un violento tiroteo con la policía y cinco delincuentes que pidieron las cámaras de televisión para entregarse.

Los cinco ladrones nunca habían trabajado juntos. Rodolfo Vaca Bilbao desde muy joven anduvo fuera de la ley y era conocido por su prontuario. Con 53 años, fue el cabecilla de la banda.

Evaristo Reguele Miranda tenía 33 años y los hermanos Walter y Ariel Dimuro no superaban los 25. El quinto integrante fue Martín Alejandro Espiasse. En ese entonces tenía 22 años y un nombre falso: Eduardo Fuentes.

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El plan era casi perfecto: al mediodía el camión de caudales tenía que dejar una zaca con 100 mil pesos o dólares, eran tiempos de convertibilidad cambiaria. Los cinco delincuentes tenían que llegar al Scotiabank ubicado en Roca e Independencia, apretar al gerente para que les entregara la bolsa y escapar.

Pero un error de sincronización echó todo a perder… el robo que debía durar menos de cinco minutos se transformó en un asalto que incluyó un violento tiroteo con la policía y nueve rehenes, entre ellos, una mujer embarazada.

Ingresaron al banco a los gritos. Uno de los hermanos Dimuro se parapetó en la puerta y los otros cuatro se abalanzaron sobre el gerente y el guardia de seguridad. Pero llegaron tarde: el dinero ya había sido contado y guardado en el tesoro de la entidad, bajo un sistema de seguridad que sólo permitía acceder a los valores en determinadas condiciones y horarios.

Los delincuentes decidieron que no se iban a ir con las manos vacías. Walter Dimuro y Vaca Bilbao vaciaron la cajas. Un testigo contó que se llevaban hasta las monedas de 10 centavos.

Ariel Dimuro continuaba vigilando la puerta de entrada al banco y no dudó en disparar cuando vio al primer policía. Ambos resultaron heridos. En segundos, la esquina norte de Independencia y Roca estaba rodeada.

La primera reacción de los delincuentes fue cubrirse con el custodio del banco y abrirse paso a los tiros, pero la respuesta fue una lluvia de disparos que les cerró la huida. El tiroteo se prolongó por más de cinco minutos.

Casi al mismo tiempo, el entonces fiscal Alfredo Deleonardis recibía el llamado del jefe de la Policía Departamental Carmelo Impari. En poco minutos, el funcionario judicial estaba al frente de la situación y en el lugar de los hechos.

La esquina norte de Independencia y Roca fue rodeada por la policía. El tiroteo se prolongó por cinco minutos. (foto. Diario La Capital)

Sin municiones, los delincuentes comenzaron una negociación con el fiscal. De un lado exigían que liberaran a los rehenes y del otro, pedían un auto y el camino libre.

Había pasado más una hora desde que los delincuentes habían ingresado al banco. Con el recuerdo fresco de la Masacre de Ramallo -en la que la policía acribilló a ladrones y rehenes por igual-, decidieron entregarse con una condición: la protección de los medios de comunicación.

Las cámaras de televisión fueron testigos directos de la detención. Fiscal tomó una bolsa y pasó por delante de cada integrante para que fueran dejando las armas: al menos siete pistolas 9 milímetros y calibre 45. Deleonardis acompañó a cuatro de los cinco integrantes de la banda a Tribunales. El quinto, Ariel Dimuro, fue llevado al hospital con un disparo en una de sus piernas.

En un juicio abreviado, los delincuentes recibieron penas de entre 4 y 6 años.

Otro asalto, dos policías asesinados

Seis años después, la banda se volvió a juntar. Esta vez, Ariel Dimuro, no fue de la partida. El objetivo era el camión de caudales que tenía que cargar los cajeros automáticos ubicados en la sede del Ministerio de Economía en Rawson, Chubut.

Espiasse, Walter Dimuro, Evaristo Reguele Miranda y Rodolfo Vaca Bilbao formaron parte del grupo que debía robar cerca de 300 mil pesos. Pero el 15 de julio de 2007, algo volvió a salir mal: los dos policías que custodiaban el camión fueron asesinados a sangre fría.

Dimuro, Reguele Miranda y Espiasse fueron condenados a prisión perpetua. Vaca Bilbao logró escapar hasta Mar del Plata y no estaba dispuesto a volver a la cárcel. Cuando la policía lo fue a buscar, se quitó la vida.

Espiasse siguió con su carrera delictiva. En agosto de 2013 protagonizó la fuga más escandalosa del sistema carcelario Federal. Junto a otros doce presos se escapó de la cárcel de Ezeiza a través de un túnel que cavaron durante casi un mes y sin que nadie se diera cuenta.

Espiasse Pugh ocupó el puesto 1 de los delincuentes más buscados por el Ministerio de Seguridad.

En sus años de prófugo se cree que participó en varios asaltos. La leyenda dice que integró la banda que robó 11 millones de dólares de una terminal del Aeropuerto Internacional de Chile.

Fue capturado el 21 de diciembre de 2017. Vivía en una casa en Maipú, Mendoza y ocupaba el puesto número 1 de los delincuentes más buscados por la fuerzas de seguridad. En ese entonces, la recompensa por algún dato sobre su paradero alcanzaba los 500 mil pesos.

Cuando la policía lo detuvo tenía cuatro identidades falsas, una novia a la cual golpeaba todos los días, más de 20 armas pesadas y 27 plantas de marihuana. Ocultos bajo tierra, la policía encontró 38 kilos de explosivo gelatinoso y el equipo necesario para hacerlo detonar cuando se le diera la gana.

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