domingo 3 de marzo de 2024
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Los misteriosos túneles que le dan vida a la Mar del Plata subterránea: cómo es recorrer la ciudad por debajo del asfalto

En sus inicios, Mar del Plata era atravesada por más de 10 cursos de agua. Hoy, y desde hace 100 años, todos esos arroyos están entubados. Mi8 recorrió parte de los históricos túneles para conocer por qué se volvieron invisibles.

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Aunque parezca impensado, se puede recorrer Mar del Plata completa por abajo: es que bajo el asfalto hay más de 400 kilómetros de arroyos entubados que cruzan la ciudad entera.

La urbe que conocemos hoy no es la misma que hace 100 años, cuando las calles de General Pueyrredon eran atravesadas por más de 10 cursos de agua que hacían que se pareciera más a Venecia que a la Mar del Plata actual.

Literalmente, los ciudadanos recorrían los tres arroyos principales en canoa y los cruzaban a través de puentes de hierro.

Aprehenden a dos cuidacoches por golpear el auto de una mujer, amenazarla e insultarla - En la tarde de este sábado dos cuidacoches -hombre y mujer de 26 y 37… Ver nota >

Hoy, el paisaje de la zona sería totalmente distinto a lo que vemos si los cursos de agua siguieran existiendo, pero una serie de obras los mantiene entubados hace un siglo. Esas obras crearon una misteriosa ciudad subterránea a donde va todo lo que el agua se lleva.

La historia de estas obras

En 1917 y con un crecimiento sostenido del turismo que empezaba a elegir Mar del Plata, el comisionado de Martín de Álzaga comenzó a proyectar que los arroyos, en su totalidad, fueran entubados. Parecía una odisea, pero no lo fue: ese mismo año comenzaron las obras en el arroyo Las Chacras, el primero de los cursos en estar “bajo tierra”.

Las obras se finalizaron bajo la intendencia de Teodoro Bronzini en 1924, y, a lo largo de los años, se fue completando el entubamiento del resto. Este primer tramo contempló un paseo de cuatro cuadras y dos vías: lo que ahora conocemos como la Diagonal Pueyrredon.

Justamente todas las diagonales que de Mar del Plata no responden a un criterio premeditado sino que marcan el curso de los arroyos que fueron quedando bajo la superficie: la diagonal Álvarez, la diagonal Alberdi Sur y la diagonal Alberdi Norte, al igual que la Pueyrredon, respetan el curso del agua.

Así es como Mar del Plata pasó a tener “un abajo” y un “arriba”: toda la ciudad está atravesada por estos entubamientos que se interconectan entre sí para reducir las inundaciones, darle “espacio” a las aguas pluviales y eliminar los malos olores, un problema al que se enfrentaban marplatenses y turistas de 1900.

Desde adentro

Mi8 emprendió una recorrida subterránea para conocer en profundidad de qué estamos hablando. Acompañados del ingeniero y subgerente de obras de Osse, Juan Carlos Szpyrnal y los trabajadores ingresamos, en primer lugar, a la “piedra fundacional” de los entubamientos.

La vieja boca por la que se accede al tramo histórico del pluvial se ubica en Jujuy y Gascón. Al bajar por una estrecha escalera, lo primero que se pisa es el suelo original del arroyo Las Chacras. El olor a tierra húmeda es constante, pese a que esa zona ya no recibe el agua de las bocas de tormenta.

“Vamos por el lecho del arroyo aguas abajo”, relata Juan Carlos mientras vemos la estructura original que los trabajadores construyeron en 1917.

En este punto, la humedad del lugar y el calor del exterior hacían que la ropa de seguridad empiece a ser incómoda y la temperatura comience a subir.

“Este arroyo es el fundacional de la ciudad, en el entorno de este curso de agua se empezó a desarrollar el núcleo urbano”, explica el especialista y aclara que si bien este tramo se encuentra anulado hidráulicamente, opera al tener accesos y salidas.

Para ubicarnos en el mapa, al caminar aguas abajo por el lugar se podría llegar hasta la Diagonal Pueyrredon, y la desembocadura de este curso de agua llega a Punta Iglesia. Aguas arriba, se ubica el tránsito por Diagonal Zubiaurre, que une las calles Dean Funes y Olazábal.

Además, el arroyo Las Chacras nace en las lomas de Batán y es el mismo que pasa por debajo de la Casa del Puente, la joya arquitectónica de Amancio Williams, valorada en todo el mundo.

En esta construcción se hizo el techo con vigas metálicas y bovedillas de ladrillo y se conserva hasta hoy una parte del puente de hierro que existía por Gascón para contener el tránsito que circulaba por arriba. “Hoy en día la gente que va por esta calle manejando el auto está cruzando un puente, no lo ven pero está acá. Encontrar esto es una locura, para mi es mágico”, relata el especialista.

Parte del puente por el que los vehículos cruzaban la calle Gascón antes de las obras.

La recorrida fue acompañada por trabajadores de Osse que se ocupan de controlar y mantener los túneles pluviales de toda la ciudad. “Conocemos más el abajo que el arriba, estamos más acostumbrados a caminar por acá”, confiesa a Mi8 uno de ellos.

Pasar días bajo tierra hace que vivan momentos importantes de sus vidas en ese lugar, rodeados de la historia de Mar del Plata. Además, les da anécdotas insólitas que recordaron en el camino: “Una vez nos encontramos una heladera”, aseguró. Electrodomésticos, muebles, colchones, celulares, joyas y hasta animales vivos son algunas de las cosas que los sorprenden en cada jornada laboral.

Casi 100 años de historia

Después de recorrer este punto, ingresamos a otra boca -más moderna y de hormigón- por la que recorrimos más de 600 metros bajo la tierra.

Este entubamiento une Mar del Plata por abajo desde Falucho y Salta hasta el Centro de Salud Nº 1, donde se ubica la Diagonal Álvarez que es parte de otra vertiente del mismo curso de agua.

Las obras en esta zona se hicieron en 1928, pero el expediente comenzó en marzo de 1926. Los documentos históricos que aún se preservan permiten conocer de qué forma se planificó esta estructuración, recorrer los pasos antes del inicio de las obras y reconocer históricamente el trabajo de cientos de obreros que convirtieron a Mar del Plata en una ciudad entubada.

“El agua que corre por acá es por origen de napas, vuelcos o pérdidas, además del agua del lavado de las calles que se hace cotidianamente”, dice el ingeniero.

En ese lugar el ambiente es totalmente distinto: los tubos son más grandes, con paredes cóncavas y de hormigón. En ellas, se puede ver marcado con la suciedad el nivel que alcanzó el agua: hay sectores donde llega al techo, producto de las grandes tormentas.

Hay zonas del recorrido donde no se perciben olores fuertes. Pero en otras el aire es difícil de tolerar. Esto tiene que ver con las conexiones cloacales clandestinas, que suelen detectar en el lugar.

Al avanzar en el camino, es posible ver a los autos que recorren la avenida Colón desde las “rejillas” que drenan el agua de la calle, plano digno de cualquier película o serie.

En medio del paseo por abajo de la tierra, arriba empieza a llover. “Si se larga fuerte hay que salir corriendo para atrás, eh”, dice con gracia otro de los trabajadores.

Inquietos, pero con pasos cortos y esquivando el verdín, llegamos a la intersección de la Diagonal Pueyrredon y la avenida Independencia. Allí se unen dos vertientes, es decir, dos tubos. “Recién pasamos La Marcianita, ¿pedimos una pizza desde acá?”, señala Juan Carlos para orientar el punto donde estamos ubicados.

Para que estos entubamientos sigan vigentes y en funcionamiento después de 100 años es fundamental conocer el movimiento del agua. “Se estudia cuánta cantidad cae, qué tiempo le demanda llegar hasta ahí y cómo se suman y confluyen los flujos de agua”, enumera el subgerente de obras de Osse.

“El agua no va a donde vos querés, quiere ir ahí. Hay que reconocer la historia de las cosas para entender que el agua tiene memoria: estas obras le dieron las condiciones de capacidad para que, a donde vaya, lo pueda hacer”, finaliza.

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