lunes 27 de mayo de 2024
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De la explotación y el abandono a un hogar feliz: conocé la historia de Sami

Sambayón es un galgo que las pasó todas: estuvo en manos de tres galgueros que lo maltrataron al usarlo para la caza, las carreras y las peleas. Después de una fractura expuesta, mucho dolor y el abandono, llegó a casa.

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Los perros galgos representan una de las razas más explotadas por el ser humano: además de usarlos para cazar, son actores de carreras y peleas de las que muchos no salen con vida.

La crueldad y el maltrato a estos animales tristemente es moneda corriente, y en muchos barrios de Mar del Plata todavía vive la costumbre de realizar estas prácticas a pesar de que estén penadas por la ley.

En la clandestinidad, cientos de perros de patas y hocicos largos sufren y son descartados cuando «no sirven más» para fines comerciales.

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Así comienza la historia de Sambayón, Sami para los amigos, un galgo que fue rescatado luego de pasar por las manos de tres galgueros: uno de ellos se lo vendió a otro, que quiso trasladarlo en la caja de una camioneta sin ningún tipo de seguridad. Fue en esa situación que Sami se cayó, rodó por la ruta y se quebró una de sus patas delanteras.

Al verlo en esta situación, el hombre que lo había comprado entendió que ya no le serviría ni para correr ni para cazar, por lo que simplemente lo descartó a la vera de la ruta, cerca del barrio Hipódromo.

Un vecino de la zona, casualmente también galguero, lo vio en esa situación y se lo llevó a otro, que terminó definiendo que tampoco lo quería, pero realizó un acto que cambió el destino del perro: por medio de una vecina se contactó con Hilen, de @_rescatandohuellas, para avisarle que «lo iba a tirar» si no lo iban a buscar.

Sin dudarlo, la joven fue por Sami y lo encontró atado fuera de la casa, todo raspado y con una de sus patas completamente destruída: había sufrido una fractura expuesta.

A pocos días de llevarlo a su hogar y darle atención veterinaria, decidió compartir su caso en las redes sociales y el impacto en María Inés fue instantáneo. «Me enamoré«, dijo a Canal 8 la flamante adoptante de Sambayón.

Un largo camino a casa

El viaje no fue fácil: Hilen comenzó con los tratamientos para las heridas y la pata rota del animal, y fueron María Inés y su marido quienes terminaron de sanarlo en todos los sentidos.

«Lo tuvimos un tiempo con antibióticos, muchas heridas, visitas al veterinario y cuando se curó de todo eso teníamos que ver el tema de su pata rota», explicó su nueva familia. «Sami era tímido pero cariñoso al principio, tomaba el antibiótico bien, no ladró por cuatro días», describió.

«Después de ese tiempo se animó a empezar a ladrar, pero estuvo un mes y medio sin pasar al pasillo de los cuartos, no sabemos por qué. Ahora duerme en la habitación, con mi hijo con discapacidad», agregó emocionada.

Una vez curadas sus heridas, como explicó Inés, comenzaron a visitar especialistas para darle a Sami la mejor calidad de vida posible, a pesar de la rotura en su pata delantera que ya había formado un callo: «Fuimos a un veterinario que es traumatólogo y nos dijeron que la cirugía era cruenta, cara y que no era segura, por lo que analizamos que su patita la apoyaba igual y que hasta corría con sus cuatro patas», por lo que, en equipo, definieron no operarlo.

«Sami es un dulce de leche, un sol, es un pedidor serial de mimos, y es otro miembro de la familia: es mi hijo«, definió.

La raza más explotada

Ilene está a cargo de una red de rescates a la que llamó «Rescatando Huellas«. La historia de Sami, tristemente, no es extraña: en Mar del Plata sigue viva la cultura de la caza, las carreras y las peleas de galgos, por lo que los y las rescatistas se enfrentan diariamente a casos muy similares.

«A diario vemos el maltrato, es la raza más explotada que hay. A pesar de que las carreras clandestinas están prohibidas, se las rebuscan y todos los días las hay. Además también se los usa para la caza, y, a las hembras, para parir toda su vida», explicó.

Según definió, hay barrios donde se ven particularmente este tipo de prácticas, pero no son los únicos: Hipódromo, Belgrano, los barrios cercanos a áreas rurales, el camino a Mar Chiquita. En estas zonas, la rescatista dice «ver las tipicas Renault con tres hombres y los galgos atados con sogas finitas, metiéndose incluso en campos privados«.

Pero, ¿cómo se pueden evitar estas prácticas de violencia contra los animales? La respuesta de Hilen es concreta: hay que animarse a denunciar. Las denuncias son anónimas, pero mucha gente tiene miedo, por lo que también pueden hacerlo con organizaciones, rescatistas o grupos proteccionistas. «Los invito a que se involucren», dice ella.

«Los galgos son los mejores perros del mundo, se adaptan a casas con parque o a departamento, son perros ‘silloneros‘ decimos, son increíbles. Son felices corriendo en la playa o durmiendo en un sillón», concretó.

Cómo colaborar

«Rescatando Huellas» ayuda a todo tipo de perros y los casos abarrotan sus vías de contacto a diario. Ahora, por ejemplo, Hilen rescató una mamá junto a sus doce cachorros recién nacidos «que estuvieron internados y con distintas cirugías». «Hoy debemos $3.700.000: estoy asustadísima, nunca tuve tanta deuda, pero hoy por hoy los costos son altísimos», agregó.

Para colaborar se encuentra disponible una cuenta de Mercado Pago bajo el alias ayudameasalvarvidas, mientras que a través de Cuenta DNI se puede enviar dinero al alias lago.abaco.aloe.

Para otras donaciones se puede contactar a Hilen a través del Instagram @_rescatandohuellas.

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