domingo 3 de marzo de 2024
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UN CRIMEN ABSURDO

Caso Ibáñez: el secuestro que conmovió al poder

Guillermo fue secuestrado en 1990 y a los tres días, los captores decidieron matarlo. Era el hijo de Diego Ibáñez, hombre fuerte del sindicalismo y amigo del entonces presidente Carlos Menem.

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Foto: diario La Capital. Una protesta cuando se supo que los secuestradores saldrían en libertad.

Guillermo, hijo del sindicalista Diego Ibáñez, fue secuestrado el 6 de julio de 1990. A los tres días, y sin cobrar un peso, los captores decidieron matarlo. El caso conmovió a la ciudad y a todo el país. El entonces presidente Menem, amigo de la familia Ibáñez, anunció un proyecto de ley que contemplaba la pena de muerte para los delitos aberrantes, pero la Iglesia se opuso y todo quedó en la nada.

Guillermo tenía 28 años y era el hijo de Diego Ibáñez, líder del sindicato de los petroleros del Estado y amigo íntimo del presidente Carlos Menem. El joven heredero manejaba la empresa de transporte El Trébol. Estaba en pareja y tenía un hijo que aún no cumplía los 10 años.

El 6 de julio recibió una llamada anónima. La voz de una mujer le decía que su esposa lo engañaba y que si quería saber más debía ir al Café Sugar, en Luro y San Juan. El plan estaba en marcha.

Roberto Acerbi, Juan Carlos Molina y Néstor Ausqui se conocieron cuando eran chóferes en la línea de colectivos Martín Güemes. Los habían echado casi al mismo tiempo y pensaban en «salvarse» de alguna manera.

Acerbi había estado vinculado con los servicios de inteligencia durante la última dictadura y conocía el oficio. Fue el cabecilla.
La segunda parte del plan estaba a cargo de Molina, conocía a Guillermo desde chico y un encuentro casual no despertaría sospechas. En la esquina de Luro y San Juan le hizo señas a la camioneta de Guillermo y le pidió que lo lleve hasta un lugar porque se le había quedado el auto. Iba acompañado de Ausqui.

Lo encañonaron y lo llevaron por Berutti hasta 214. Guillermo les ofreció plata, pero no le hicieron caso. La negociaciones serían con su padre.

Matarlo, la única opción

Guillermo pasó sus últimos días encadenado a una cama en una vivienda de Brandsen al 8900. Acerbi se encargó de las negociaciones y en la primera llamada a Diego Ibáñez le dijo que eran el Grupo 6 y que tenía secuestrado a Guillermo. Pedían 2 millones de dólares para liberarlo.

En pocas horas, todo el mundo hablaba del secuestro del hijo del hombre fuerte del sindicalismo. El presidente Menem se puso a disposición de la familia y ordenó a las fuerzas del Estado encontrar a Guillermo.

Todo el poder y los recursos del Estado no pudieron evitar la tragedia. El 8 de julio, Guillermo miraba la final de Italia 90, entre Argentina y Alemania y sus secuestradores pensaban que matarlo era la única opción que tenían: Ibáñez padre no podía conseguir el dinero que le pedían en tan poco tiempo y sentían que en cualquier momento los descubrían.

La madrugada del 9 de julio sacaron a Guillermo de su cautiverio y llevaron hasta un descampado en Berutti y 210. Acerbi le dio un golpe en la cabeza con una masa y luego lo golpeó con una pala. Lo enterraron y escaparon.

Menem anunció que enviaría un proyecto de ley al Congreso: pena de muerte para delitos aberrantes.

Detención y condena

A los pocos días, un hombre se presentó a la justicia. Dijo que conocía a los secuestradores de Ibáñez porque habían trabajado con él, en la Martín Güemes.

Ausqui y Molina fueron los primeros en caer. Confesaron el crimen y dijeron donde estaba el cuerpo de Guillermo. Acerbi se fugó a Capital federal, pero se entregó dos días después.

El 25 de julio encontraron el cadáver de Guillermo. La autopsia determinó que lo habían enterrado vivo. Menem y todo su gabinete llegaron a Mar del Plata para acompañar a su amigo en el peor momento.

En caliente, el Presidente anunció que enviaría un proyecto de ley al Congreso: pena de muerte para los delitos aberrantes. la Iglesia pudo el grito en el cielo, y todo quedó en la nada.

En noviembre de 1991, los tres secuestradores fueron condenados a reclusión perpetua. Carmen, la mujer de Ausqui que había prestado la voz para la llamada anónima a Guillermo, fue condenada a 9 años y medio de prisión.

Entre 2006 y 2007, por la ley del 2×1, los secuestradores recuperaron la libertad. Molina rehízo su vida junto a su familia; Ausqui murió al poco tiempo y Acerbi se convirtió en la primera víctima mortal del Covid en Villa Gessel.

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