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CRÓNICA

Francisco Comesaña, un tenista con fuertes convicciones: «Mamá, llevame a Inglés, que voy a ser tenista profesional»

El marplatense de 23 años hizo historia al llegar a la tercera ronda en Wimbledon en su presentación en el circuito ATP. En la pandemia estuvo cerca de alejarse del tenis, pero a base de constancia y títulos llegó al Top 100 del ranking y se mostró al mundo con sólidos triunfos en la "Catedral del tenis".

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Francisco Comesaña soñaba con jugar en Wimbledon y aprovechó al máximo su primera oportunidad: alcanzó la tercera ronda en la "Catedral del tenis".

Francisco Comesaña, de 23 años, tuvo una semana de ensueño en Wimbledon y todos los ojos del mundo del tenis se posaron sobre él. Desde aquel titánico triunfo en cuatro sets frente al número 6 del mundo, el ruso Andrey Rublev; pasando por la victoria en el super tie-break con el australiano Adam Walton; y el final de su participación en la caída ante el italiano Lorenzo Musetti en tercera ronda, el marplatense hizo historia en el deporte argentino en su primera participación en un torneo de la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales), en su debut en un Grand Slam y en una superficie tan esquiva para los argentinos como lo es el césped.

Se podría decir que Comesaña, o «Come» como le decían sus amigos en el Instituto Juan Gutenberg, tiene una facilidad innata para el deporte, ya que a muy temprana edad entrenaba tenis en el Edison Lawn Tenis y jugaba al fútbol en San Isidro. Sin embargo, un pequeño Francisco se paró ante su madre, Adela, y le dijo: «Dejo fútbol porque me van a lastimar y no voy a poder ser tenista profesional».

Comesaña sobre el césped de Wimbledon.

Desde chico ya tenía en mente su objetivo: jugar al tenis en los mejores torneos del mundo. Wimbledon era su debilidad. Y a los 23 años, cuando el sueño se convirtió en realidad, dejó perplejo a todos los fanáticos del deporte blanco con su inolvidable actuación frente a Rublev.

Comesaña comenzó su formación tenística en el Edison Lawn Tenis, con Horacio Zeballos padre como mentor. Luego fue entrenado en Kimberley y en el Club Teléfonos por otra gloria del tenis marplatense como Bettina Fulco. Por último, pasó por el Club Náutico, donde se perfeccionó con Federico Cardinali.

«Siempre tenía en claro que su torneo importante iba a ser Wimbledon. Es lo que decidió hace muchos años», contó Adela.

Un día, Francisco le dijo: «Yo voy a estar en Wimbledon».

Otra vez, a sus 7 años, le pidió: «Mamá, llevame a Inglés, que voy a ser tenista profesional».

Cuando se presentaba una lesión importante, le confiaba: «Mamá, yo voy a ser tenista profesional, como sea«.

La última vez que se lo dijo fue cuando entrenaba con Facundo Argüello, luego de una derrota: «Mamá, yo voy a seguir siendo tenista profesional, como sea».

«Eran cosas que tenía en claro, era lo que quería para su vida. Porque tenía veces que perdía mucho. Y, obviamente, se le venían muchas cosas en la cabeza. Entonces, él tenía claro que igual iba a ser tenista profesional», completó su madre.

Mientras «Come» se formaba en las distintas canchas de Mar del Plata, en simultáneo viajaba con sus padres por todo el país para jugar torneos de grado G1, G2 y G3. En esos certámenes se enfrentaba a pequeñas promesas que hoy son jugadores destacados del circuito ATP, como Sebastián Báez, Tomás Etcheverry y Juan Martín Cerúndolo.

Comesaña en el medio. A la derecha, de negro, un joven Sebastián Báez.

Justamente, con Báez formó parte del equipo argentino que jugó el Sudamericano del 2012 en Lima, Perú, donde Argentina perdió la final con Brasil. Un Comesaña de 11 años tuvo allí sus primeros roces con jugadores de otros países.

«Fran hizo el camino opuesto al de la mayoría. No jugó torneos Juniors, sino que de los G1 pasó a jugar torneos en busca de puntos para competir en certámenes profesionales», explicó Adela. Su primer conquista de este tipo fue en Neuquén.

A los 16 años, el «Chino» se mudó a Buenos Aires, donde entrenó en el Cenard y en la Academia Cerúndolo. La pandemia por el coronavirus le cortó su evolución en la capital y tuvo que regresar a Mar del Plata. Fue en ese momento cuando entró en una crisis por no poder entrenar por el aislamiento y por una lesión de muñeca que lo tuvo a mal traer.

«La pasó muy mal en la pandemia. La lesión de muñeca lo complicó mucho. No lo manifestaba, pero se le notó: no estaba feliz», relató Adela.

Comesaña festeja un punto en Oeiras, Portugal, donde ganó su último Challenger.

Hasta que un día, «Come» no aguantó más y se fue a Córdoba, donde «prácticamente no tenía entrenador». «Fue a jugar un torneo a Villa María y ahí se le dio. Estaba Facundo Argüello, que le dio una mano. Le propuso que probara en su academia, a ver si estaba conforme. En Córdoba se quedó un año y pico, se alojaba en la casa de Benjamín Alarcón, que lo había invitado a la casa, así que se reunió con su familia», mencionó su madre.

A fines de 2021, Comesaña ganó el ITF de Villa Allende y luego un torneo de ese mismo calibre en Punta Cana. Fue la previa de sus dos primeros campeonatos en el Challenger Tour, el paso previo que la mayoría de los tenistas transitan para entrar al circuito ATP. En dos semanas a un gran nivel, el marplatense conquistó los Challengers de Corrientes y Buenos Aires, con sendas finales ganadas a Mariano Navone.

Comesaña (derecha) de «ball boy» en la serie de Copa Davis entre Argentina e Italia en el Patinódromo (2014).

En 2023, conquistó un nuevo ITF en Tucumán y ganó otros dos Challengers en Vicenza (Italia) y en Liberec (República Checa). Su quinto torneo en este circuito lo ganó en abril de este año, en Oeiras (Portugal). Un dato no menor es que todos esos logros fueron sobre polvo de ladrillo, por lo que la adaptación al césped para jugar en Wimbledon fue desde cero.

«Después de ganar los primero dos Challengers, decidió dejar de trabajar con Argüello. Y bueno, empezó a charlar con Sebastián Gutiérrez, su actual entrenador. Luego decidió volver a Buenos Aires, donde instaló directamente y trabaja con sus sesiones, viajes, idas, vueltas…», detalló.

La mirada de su mejor amigo: «Desde el primer minuto que agarró la raqueta, nunca más la volvió a soltar«

El mejor amigo de Comesaña es Francisco Arán, compañero en el Gutenberg y en el Edison Lawn Tenis desde muy pequeños. Arán sigue la carrera de su amigo desde Estados Unidos, donde estudia y compite en el ámbito del tenis universitario.

«Soy amigo de Fran Comesaña prácticamente desde que tengo uso de razón, desde salita de 2. Los inicios de esta historia con el tenis arrancan una tarde después de haber ido al colegio. Come vino a mi casa a jugar. Justo ese día, con mi hermano mayor Agustín teníamos que ir a jugar al tenis al Edison. Lo invitamos a comer y vino con nosotros. Desde el primer minuto que agarró la raqueta, nunca más la volvió a soltar. Claramente todos los profesores y toda la gente del club ya sabían el talento innato que tenía», relató.

Arán y Comesaña (tercero y cuarto de izquierda a derecha) en sus tiempos del Club Náutico.

No es casualidad que Comesaña se haya destacado por su saque en las tres rondas que disputó en Wimbledon. Volviendo atrás en el tiempo, Arán recordó las tardes que pasaban en el club, donde hacían competencias de saques por una Pepsi.

«Ahora que tanto se está hablando de su saque, con él jugábamos a ver quién le pegaba a los conos o a ver quién le pegaba a los tubos de pelotas por una Pepsi. Me acuerdo que ‘Come’ siempre se llevaba todas las gaseosas porque el talento y el saque ya lo distinguía desde chiquito», rememoró.

Comesaña jugó la qualy del US Open en más de una ocasión y hasta allí lo acompañó su amigo.

«También pasábamos tardes en el patio de su casa, pegándole a la pelota contra el frontón. Adela se enojaba porque le manchábamos las paredes. Son historias muy lindas, pero el resto se cuenta por sí solo», dijo.

Los Franciscos no sólo compartían el tenis, sino que jugaban al fútbol en San Isidro e iban a natación juntos. Arán revivió el momento en el que Comesaña dio el salto en el circuito juvenil. «Cuando teníamos entre 10 y 12 años, decido dejar de jugar al tenis por un año, y ‘Come’ siguió jugando. Hasta ese momento, aunque puedo llegar a mentir un poco también, nuestro nivel era parecido. Hasta que, el día que decidí volver, él era el número 1 en el ranking argentino Sub 12. Ya estaban todos los ojos puestos en él. Un talento de locos, ya competía nacionalmente y ganaba básicamente todo», contó.

Muchos años después, en la pandemia y cuando Comesaña se recuperaba de su lesión de muñeca, Arán volvió de Estados Unidos y lo acompañó. «Yo iba a entrenar con él a su casa. Verle las ganas de ganar y las ganas de mejorar que estaban en él, esa pasión por el tenis… no lo puede hacer cualquiera. No mucha gente está dispuesta a sacrificar tanto y a dejar tanto por el deporte, por algo que uno ama. ‘Come’ es uno de ellos, y me da mucha alegría y mucho orgullo ser su amigo«, expresó.

La hazaña de Wimbledon: «Disfruté ver su tenis»

Su camino, por el momento, concluye en lo que ocurrió la semana pasada en Wimbledon. Anteriormente, quedó marginado de la qualy de Roland Garros por un desgarro que no le había sanado y que lo dejó fuera del Top 100 del ránking.

Pero Comesaña no dejó que eso le bajara el ánimo. Su madre aseguró que en el Abierto de Londres lo vio jugar como cuando era un niño. «Nos sorprendió en todo este torneo. Lo que notamos en él es que lo disfrutó. Y que todo lo que hizo era lo que hacía cuando era muy chiquito, que tendría 8 o 9 años, que jugaba esos torneos con los más grandes. Y jugaba muy feliz, sin importar qué era lo que pasara. Y yo creo que esto es lo que hizo él: envolverse en un torneo como si nada. Que fuera pasando el día a día. Y así fue teniendo los resultados que tuvo», explicó su mamá.

Adela manifestó que lo vio jugar como lo hacía de chico: «agresivo, descarado, con desparpajo y lleno de magia». «No sé nada de tenis y nunca quise saber. Mi rol es cumplir como mamá, solamente el jugador sabe todo lo que pasa en la cancha. Pero esta vez me senté, me hice unos mates y disfruté ver su tenis. Mi marido Agustín, que sabe mucho de este deporte, me dijo: ‘ No puede ser lo que está haciendo este pibe, está loco‘», contó.

Hasta aquí la historia de Francisco Comesaña. Le quedan muchísimos capítulos más y sus condiciones hacen pensar que pueda llegar a asentarse completamente en el circuito profesional. Entrar entre los mejores 100 jugadores del mundo fue un gran paso. Pero su carta de presentación en un «torneo grande» fue impecable, y logró cautivar a fanáticos argentinos y de todo el planeta, quienes lo aplaudieron de pie en el Court 2 de Wimbledon tras vencer a Rublev.

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